Las tele novelas mexicanas en aquellos tiempos grabadas en video casetes, tuvieron mucho que ver en mis inicios literarios.
Recuerdo haberme pasado toda una tarde, la noche y la madrugada con mis ojos pegados al televisor. Esa mañana, con mi corazón lleno de emociones y sin saber cómo aligerarlas imaginaba estar dentro de la trama vista y los distintos finales emergían de mi pensamiento. Supe entonces que tenía la magia de crear historias. Desconocía los géneros literarios, de hecho con 13 años había leído solo los libros Había una vez y De la Tierra a la Luna de Julio Verne.
Mis primeras novelas, conservadas en una caja de zapatos ADIDAS, escritas en las libretas escolares agradaron mucho a mis compañeros en la escuela. No sé cómo no me daba vergüenza el mostrarlas. Estaba en 8vo grado y algunas chicas de 9no me hacían la competencia. Ahora que lo pienso había surgido en aquella ESBU un movimiento literario. Nos pasábamos las obras, hacíamos sugerencias, criticábamos el parecido con alguna novela mexicana e ideamos una competición para ver quien hacia el mejor cuento de terror y suspenso. No gané, fui superada por un ratoncito que habría una puerta estridente, pero la motivación a escribir jamás ha desaparecido.
Comencé a leer los libros que me prestaba una amiga psicóloga. Amor con cabeza extraña de Miguel de Mejides, no compartiré mi opinión sobre la novela, si diré que después de leerla las cosas que había escrito me parecieron muy buenas.
Mis ánimos de escribir menguaban en mi juventud. Desconocía los medios para avanzar en mis propósitos. Vivía en un mundo anti literario (reparto, ciudad, trabajo, familia, medios, sociedad). No somos culpables. Pero no todo es nada. Por mi madre tan ocupada en verme hacer algo útil con los papeles que escribía a diario supe de un taller literario en el Centro Boti, su instructor José Ramón Sánchez Leyva. Comencé a asistir a finales del 2011 con grandes expectativas de avanzar en mi trabajo, lograr reconocimiento, aprendizaje y poder un día no muy lejano publicar mi obra.
En este aspecto digo con sinceridad que no he visto el tiempo pasar. Las oportunidades para alcanzar mis propósitos eran cada vez menores. Un encuentro de taller municipal y provincial y un concurso de poesía, sin más reconocimiento que el certificado de premiado era la motivación del año. Alejada del mundo literario de la provincia, de Cuba, mi único nexo de quienes agradecida estoy José Ramón Sánchez Leyva y Noel Mendoza escritores guantanameros me animaban a superarme. Lo más emotivo en todo este tiempo fue mi paso por el Curso de Técnicas narrativas en el Centro de Formación literaria Onelio Jorge Cardoso en la Habana en el 2013(Los cachorros de León) como solemos llamarnos.
Hoy siento que he dejado atrás un tiempo dormido. Con el surgimiento en el 2014 del Proyecto literario Grafomanía una nueva pista se abre para que los sueños convertidos en planes, proyectos, logren aterrizar. Hoy mis ambiciones son realmente reveladas. No miro escuetamente hacia un futuro en los jóvenes literarios guantanameros, sino también en cada ciudadano. Que lo anti literario no forme parte de la identidad guantanamera. ¡Hay tantas cosas por hacer, que no se qué hacíamos levantados!
Por Arletty Romero















