Dic 28 2017

Obras ganadoras del IV Concurso Internacional Abriendo Puertas

PREMIO INTERNACIONAL ABRIENDO PUERTAS

Título: La arena amarilla

Autor: Francisco Enríquez Muñoz (México, 1975)

 Él arrastraba sus pies sobre la arena amarilla. De repente, cayó de bruces y se quedó dormido. Era tanto su cansancio que soñó que, de repente, caía de bruces y se quedaba dormido. Y en ese sueño soñó que arrastraba sus pies sobre la arena amarilla.

MENCION INTERNACIONAL ABRIENDO PUERTAS

Título: Atrapado

Autor: Jorge Cappa Fernández (España, 1979)

Salió un mes con Ainhoa, pero la dejó cuando descubrió que no tenía ni la inteligencia ni el espíritu crítico de Elena.

Después estuvo dos semanas con Nuria, pero la dejó cuando descubrió que no tenía ni la sensibilidad ni el don intuitivo de Elena.

Más tarde quedó unos días con Raquel, pero la dejó cuando descubrió que no tenía ni la fogosidad ni el afán aventurero de Elena.

Ahora acaba de conocer a Marta y no sabe que la dejará cuando descubra que tiene el mismo carácter dominante y egoísta que tenía Elena.

 

MENCION INTERNACIONAL ABRIENDO PUERTAS

Título: Jurásico

Autor: Armando Landa Vázquez (Mayabeque- Cuba, 1972)

Sin dudas, Monterroso es mala comida.

 

MENCION INTERNACIONAL ABRIENDO PUERTAS

Título: El rey, los gatos y los perros

Autor: Jorge Godofredo Silverio Tejera (Sancti Spíritus- Cuba, 1961)

—Amo el suave lenguaje de los gatos en la noche—dijo el rey a sus cortesanos.

Al día siguiente todos los perros del reino maullaban alegremente.

 

MENCION INTERNACIONAL ABRIENDO PUERTAS

Título: Escape

Autor: Johann Miguel Luis Juan Dávalos (México, 1997)

La niña corría por un bosque oscuro, abriéndose paso entre ramas secas, con la respiración agitada volteo sobre su hombro; el monstruo estaba a punto de alcanzarla con sus largos brazos cubiertos de espinas. De pronto la niña se despertó en el sofá; sin moverse, vio a su padrastro alzar el puño para luego golpear a su madre que tenía sangrada la nariz; miró los ojos húmedos de su madre, que esperaba sin protestar el siguiente golpe, ésta le hizo un signo de silencio, entonces la niña se tapó las orejas y cerró los ojos, intentando volver al sueño en donde un monstruo aterrador la perseguía.

 

PREMIO ESPECIAL

Título: Mi madre

Autor: Reineris Betancourt Colás (Guantánamo- Cuba, 1994)

Mi madre entró al cuarto, apartó la cortina. Me tocó dos veces, me quitó las sábanas como solía hacer. Gritó mi nombre. Fueron dos los gritos de mi madre. Hizo un gesto, el gesto de quien le duelen las entrañas, se frotó los ojos, luego abrazó mi cuerpo frio, me besó la frente y le pidió a Dios algunas cosas, pero Dios estaba ocupado dándome la bienvenida.

 

MENCION ESPECIAL

Título: La cristiana

Autor: Ennie Pérez Orihuela (Guantánamo-Cuba, 1984)

Distraído, no calculé los minutos que pasaron desde que su mamá salió. Oía sonar el timbre, pero ella no se me quitaba de encima. Cuando empezó a hablar en lenguas, quise taparle la boca y me mordió un dedo. Pensé que algo además de mi la poseía, asi que la pellizqué, hasta que por fin gimió y abrió sus ojos.

 

PREMIO A ESCRITORES GUANTANAMEROS

Título: Flash

Autor: Karla Gil Peña (Guantánamo-Cuba, 1997)

Aquella mañana jugábamos por dúo a las escondidas. Escogimos el lugar idóneo. No soporté el ruido de lo callado y reí. Me regañaste, dijiste que nos descubrirían y perderíamos el juego. De todas formas nuestros rivales nos hallaron, y sacaron a empujones de la cueva. Uno me aguantó mientras el otro te golpeaba. Se detuvo. Dirigió un raro objeto hacia ti. Este rugió, e instantáneamente, tu pierna comenzó a sangrar. Te subieron a su auto. Fui llevada a un sitio donde no conocía a nadie. Allá aprendí a simular una sonrisa, a fingir olvidarte: estaba prohibido huir del orfanato.

Seguí tu ejemplo, soy fotorreportera. Te he encontrado, hermanito. Cambiaré tu lápida: esa la escribieron quienes te asesinaron.

 

MENCION A ESCRITORES GUANTANAMEROS

Título: La ayuda

Autor: Gruchenca Bolívar Diez (Guantánamo-Cuba, 1964)

Al niño se le cayó el libro que leía.

Una niña que miraba recostada a la pared se inclinó para recogerlo.

-¡No!- dijo la mujer.

-Pero….yo solo quiero ayudarlo.

-¡No!- la mujer detuvo a la niña con un gesto – que lo haga el.

Todos la miraron sorprendidos.

Mario sujetándose en el posa brazos, con no poco esfuerzo se estiró hasta levantar el libro con una radiante sonrisa de victoria.

La mujer sonriente alborotando con los dedos su cabello, lo miró con amor mientras el niño en su silla de ruedas se incorporaba a la fila del comedor de la escuela.

 

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